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Stupid Sugar Daddy

Stupid Sugar Daddy

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Hay perfumes que piden permiso y otros que entran por la alfombra roja con abrigo de plumas. Stupid Sugar Daddy pertenece a los segundos: barroco, teatral, un punto exagerado y feliz de serlo. Evoca esas noches que juraste no repetir (el brindis de más, la risa demasiado alta, la tentación servida en bandeja dorada) y a las que, sin embargo, siempre vuelves. Todo en él es abundancia: un dulzor que no se disculpa, una sensualidad que se ríe de sí misma, una elegancia que acepta el exceso como lenguaje. No es ingenuo ni pretende serlo; sabe el efecto que produce y lo disfruta con descaro. Hay algo de salón decimonónico reconvertido en fiesta privada, de terciopelo, de dorados, de brillo en la mirada. Un placer culpable llevado con la cabeza muy alta.

Notas olfativas

Notas de salida: jengibre, neroli, mandarina, pomelo, praliné, ciruela

Notas de corazón: azahar, higo, tuberosa, jazmín, hojas de té

Notas de fondo: benjuí, ámbar, pachulí, sándalo

Sensaciones

Abre vibrante y chispeante, con los cítricos y el jengibre despertando el apetito mientras el praliné y la ciruela anuncian el dulzor. El corazón se vuelve floral y cremoso, con el azahar, la tuberosa y el jazmín envolviendo el higo, y las hojas de té aportando un respiro. El fondo es cálido y resinoso: benjuí y ámbar, con el pachulí y el sándalo dándole espina dorsal.

Ocasiones de uso

Para noches de celebración, cenas largas y salidas en las que se quiere dejar huella. Brilla en otoño e invierno, pero se atreve también con el calor de una terraza de verano al anochecer.

Qué lo hace especial

Su gourmand no es infantil: el praliné convive con flores blancas y un fondo balsámico y amaderado que le dan estructura. Es excesivo a propósito, pero siempre equilibrado. Tiene humor, y eso en perfumería de nicho es una rareza.

Invitación final a descubrirlo

Prométete que será la última vez. Nadie te creerá.

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